Historia del Monasterio del S.XVII

Apenas aflora el siglo XVII, comienza a declinar la prosperidad y demografía de Villacastín, una Villa apacible, asentada en la parte sur de la provincia de Segovia. Sin embargo aún quedan algunas familias nobles con idea de fundar algo que perpetúe su apellido.
La escritura de fundación se firma el 27 de abril de 1618 entre D. Pedro Mexía de Tovar y D. Juan Pedraza, como patronos , y el padre Fray Diego Cecilia, Provincial de la provincia de la Concepción.
El primero de mayo de 1618 vinieron de las gordillas de Ávila Dª. Mencía de Ribera, Abadesa, Dª. Elvira de Ribera y Dª. María de Ribera.
Con este pequeño núcleo de almas generosas se planta un nuevo jardín seráfico en la Santa Iglesia; bonita empresa, que a pesar de los vientos contrarios con que se ve azotada, prosigue su marcha ascendente, llegando a florecer, por fin, vigorosamente.
Ciertamente, muchas fueron las vicisitudes, que estas heroínas tuvieron que soportar, abundando, como es obvio en las obras de Dios, las cruces y trabajos de todo género.
Faltas de vivienda estuvieron de acá para allá, primero en casa de los Ribera, más tarde, en casa de Isabel Mexía -cuya dueña estaba por entonces en Perú-, viéndose obligadas por dos veces, a abandonar estos alojamientos, cuya dolorosa odisea y salida de los mismos, es muy prolijo de relatar.
Hallándose así las cosas, con el monasterio sin construir y sin lugar para habitar, las monjas tuvieron que regresar a sus conventos de origen, las Ribera a Ávila; las restantes a la Encarnación de Arévalo, llevándolo a cabo, el dos de diciembre de 1620. Es de notar, que la pequeña comunidad de Villacastín, residente en Arévalo, permanece viva y en íntimo contacto con el patrono y fundador, quien se encarga de los gastos de manutención de las acogidas en dicha comunidad de Arévalo, donde permanecieron hasta el 1 de diciembre de 1632.
Durante este periodo -12 años- se realiza la construcción del Convento e iglesia.
Construido en lo esencial el Convento, son requeridas las monjas para que vengan a habitarlo. Quedan pendientes muchos detalles, cuya solución tendrán que ir pidiendo, a D. Pedro y sucesores.
La fecha de retorno data de día 24 de noviembre de 1632. “El pueblo en masa, lleno de contento, salió a recibirlas, con mucha alegría general, las campanas todas a vuelo, que hacía una armonía encantadora; e hicieron grandes fiestas y festejos para obsequiarlas”.
Como quiera que en este lapso de tiempo fallecieran algunas religiosas y ocurrieron diversos acontecimientos, no regresaron a tomar posesión del convento como fundadoras, las mismas que habían partido, ya que de las Ribera, de Ávila, (gordillas) consta que no volvieron.
De la Encarnación de Arévalo, sí regresaron todas, a las que se añadieron algunas nuevas en sustitución de las ya fallecidas. Y a éstas, les es dado también, el honor de fundadoras. Dª. María de Tovar vino como abadesa; pertenecía a la sangre y casa de los Sres. Condes de Molina de Herrera, así como su vicaria, la Sra. Dª. Ana de Pedraza.
Hasta el día primero de diciembre, miércoles siguiente al de su llegada, no estrenaron su propio Convento.
A través de los siglos han ido desfilando por este Monasterio, almas ejemplares en virtud y nobleza, con el anhelo de darse a Dios, arrebatando con su vida de observancia y sencillez el reino de los cielos. Y por la gracia de Dios se mantiene vivo hasta nuestros días.
En la actualidad este Monasterio de Hermanas Pobres de Santa Clara cuya titular es Nuestra Señora de los Ángeles, viven 8 hermanas, y ofrecen al público su hospedería, sus trabajos de la repostería, sus pastas y mermeladas artesanas; y objetos litúrgicos como los ya conocidos “Rosarios de escalera”, y las labores en bordados.
Reseña Fundación Monasterio
